Una ley estatal o regional sobre repoblación

Cuarto texto de Agapito Modroño, sobre la necesidad de implantar una ley estatal o regional para la repoblación

La ley estatal o regional sobre repoblación que considero necesaria, debería contemplar varios puntos:

El primero: que todas las personas cuyo puesto de trabajo está en los pueblos,  vivan en los pueblos:

a) Agricultores y ganaderos perceptores de las ayudas de la PAC. Al igual que les condicionan los cultivos, se les debe condicionar la residencia. Esos dineros para campesinos, en bastantes casos son para urbanitas.

b) Funcionarios (docentes, sanitarios, administrativos…) y empleados (de banca, de las cooperativas, de alguna pequeña industria) que se desplazan a diario desde la ciudad a las cabeceras de comarca, que con el puesto vaya la obligación de residir en el lugar gracias al cual tiene su puesto de trabajo. Esto es una enorme sangría. En mi pueblo de 1.400 H. (Villalpando), unas setenta personas se desplazan a diario, setenta familias menos viviendo en el pueblo.

El segundo: Un plan de vivienda. Enorme recurso. Estamos desaprovechando muchas casas habitables vacías sin perspectiva de habitabilidad.

Se contemplan, en este sentido, dos situaciones:

a) Aldeas al borde del abandono total, las de menos de 100 habitantes, con inexistencia total de demanda habitacional.

b) Pueblos, sobre todo los de cabecera de comarca, donde existe una pequeña demanda, en nada comparable con la enorme oferta.

En ambos casos la actuación sería vía IBI y demás tasas municipales.

Caso a): Eximir del pago de dicho IBI (alias “Contribuciòn”), y de las demás tasas municipales,  a los propietarios que, sin perder la propiedad de sus casas, las ofrecieran para ser habitadas por posibles repobladores, a quienes el Estado se las cedería gratis, con la obligación de su buena conservación. A quienes no estuvieran dispuestos a esa cesión, doblarles el pago del IBI.

También la Administración Regional o el Estado podría aceptar en donación aquellas cuyos propietarios están dispuestos a regalarlas, que los hay de las más precarias.

Caso b):

1.- Se puede contemplar la opción anterior, la de ceder el usufructo mientras el propietario no lo necesite. En todos los casos nos estamos refiriendo a viviendas cerradas todo el año.

2.- Incentivar, mediante la fiscalidad,  la compra-venta o el arriendo (aunque éstos ya son relativamente bajos), adaptándolos a dicha ley de oferta y demanda. A una casa que lleva ya más de un año cerrada, aumentarle el IBI en un 200 por 100, impuesto que volvería a su sitio al ser transferida. Eliminar el impuesto de transmisiones en el medio rural.

Vamos a suponer dueños que, posiblemente por lo afectivo, más que por otra cosa, quieran conservar su bien, que no quieran vender. Pues está la solución de cederla, sin perder la propiedad, para ser habitada. Se ahorrarían el IBI y la casa se conserva mejor abierta que cerrada, y si nadie la demanda, la casa ahí sigue.

Expongo la situación del pueblo donde vivo: los posibles compradores son inmigrantes con escasos recursos o algún labrador o ganadero de pueblo próximo. Los inmigrantes no pueden pagar los 60 mil euros que piden por casas, o pisos nuevos amueblados.

Todas esas casas de pueblo arregladas, habitables en su momento (las hay que quince años pidiendo bobadas, ya están para la piqueta, ya nada valen), si las vendieran en 20-30 mil euros, tendrían compradores. En eso, veinticinco, han dado una casita de cuatro habitaciones, aseo, calefacción, galería, enorme corral que, habitada hasta hace poco, está para entrar a vivir.

Nadie debe enfadarse por lo que escribo. Intento hacer aterrizar a la gente en la realidad. No tengo la culpa de que las casas no se vendan.

El tercer y último punto: en esa Ley Estatal o Regional sobre repoblación, quiénes serían los posibles repobladores. Estamos pensando en fijar unas cuantas familias para que los pueblos no se abandonen del todo.

a) Los señalados en el apartado primero: labradores y funcionarios.

b) Trabajadores telemáticos, motivados por el incentivo de vivienda gratuita.

c) Quienes quieran, con incentivos, iniciar una actividad ganadera, de ovino, sobre todo, aprovechando modernas instalaciones cerradas por jubilación y sin relevo.

d) Perceptores del “Salario Mínimo Vital” que no posean vivienda ni tengan posibilidad de volver a la actividad laboral.

e) Inmigrantes que trabajan en la ganadería, la construcción, la hostelería, el servicio doméstico o cuidando a mayores en lugar de amontonarlos en residencias.

f) Trabajadores de las plantas de energías renovables, eólica y fotovaltaica que, en trámite o ya funcionando, salpican nuestra geografía.

A este respecto señalo que en España la producción eléctrica solar y eólica, cuando hace viento y hay sol, es superior al consumo, pero tiene en cambio un gran porvenir: el hidrógeno verde. La electrolisis con kilowatios baratos de los huertos solares es el futuro de la energía. Ello, además, genera mano de obra. Ahora bien, si a los futuros trabajadores de esas plantas, la que está en trámite en Villamayor de Campos (Zamora), por ej., les empiezan a pedir por las casas como en las ciudades, se irán a éstas. Fue lo que pasó en Valdescorriel (Zamora).

Las anteriores ideas no me importaría desarrollarlas, con más detenimiento, en cualquier foro o medio de comunicación.

El correo: info@españadespoblada.es

Suscribe esta carta Agapito Modroño Alonso, vecino de Villalpando (Zamora), que nos escribe a través del correo de la web: info@españadespoblada.es, que sigue abierto para cualquier comentario, sugerencia o consulta. Él es hijo de modesta familia de aguardienteros. Desde niño vendimiador, arrosiador del alambique; cavador de majuelos; segador de alfalfa a guadaña; estudios de magisterio mientras trabajaba de recadero y mecanógrafo de abogado; treinta y ocho años en escuelas rurales y colegios comarcales…; promotor cooperativo agrícola, labrador; bloguero activista regenerador anticacique, modesto escritor de relatos costumbristas y de la reciente y sangrante historia de la guerra civil en su pueblo…

Vive en casa de adobe, entre “Zamora y Palencia”, que dicen “Tierra de Campos, lo que son campos de tierra”.

Le duele en el alma ver cómo en torno al ladrillo mudéjar de torres y campanarios se están formando promontorios del tapial y el adobe que se arroñan y, entre ellos, machones y tablas que se pudren. Las vigas, hincadas en la ruina, intentan resistir: ya no sirven para “yunta de carreta, ni siquiera para arder en alguna mísera caseta”.

“Está en el ajo”. Rabia por aportar donde se le oiga, ideas fáciles contra la despoblación.

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