Aser Álvarez, director de Arraianos Producións S.L. y de la exposición 'A vida lenta. Memorias y ritmos del rural gallego'

Ritmos naturales para una vida lenta

Hablamos con Aser Álvarez, director de Arraianos Producións S.L., que dirige la exposición ‘A vida lenta. Memorias y ritmos del rural gallego’

En un mundo cada vez más impaciente, en el que las prisas lo son todo. En una sociedad sin memoria, en la que no es posible saborear los éxitos ni analizar las situaciones adversas. En unas ciudades superpobladas que cubren los ojos y tapan los oídos de unos ciudadanos que son ajenos a los ritmos naturales. Es ahí donde sobresale y destaca la voz de Aser Álvarez, director de Arraianos Producións S.L., una factoría cultural que hace un homenaje a la vida lenta del rural gallego y, por ende, del rural español.

Para ello, ha dirigido una exposición multimedia de fotografías, piezas audiovisuales y fragmentos de poesía y música, que busca fomentar el debate y la reflexión sobre lo que ha sido el medio rural, el abandono que sufre actualmente y su importancia para el futuro, sobre todo en la lucha contra el cambio climático y la crisis medioambiental.

El proyecto “A vida lenta. Memorias y ritmos del rural gallego” ha sido apoyado por Afundación, que ha trasladado las aldeas gallegas al centro de Vigo desde el 9 de marzo y hasta el 29 de mayo. Se puede acceder a la sede de la Obra Social de Abanca, lugar que acoge la exposición, de lunes a viernes de 17.30 a 20.30 horas, y los sábados de 11.00 a 14.00 horas y de 17.30 a 20.30 horas.

¿Cómo surge la idea de la exposición?

La exposición surge de manera orgánica como el fruto de años de experiencia y de investigación sobre algunos archivos fotográficos y cinematográficos que existen sobre la Galicia rural. Además de coordinar el Foro Internacional de Cultura y Economía Rural y desarrollar un festival de cine rural desde hace años, hemos editado varias publicaciones sobre esta temática, como “Anacos do Rural” (Arraianos Edicións, 2020) y promovimos el primer proyecto monográfico sobre una comunidad autónoma con fotografías y documentales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Fruto de esta experiencia y conocimiento y de la investigación de todo este material fue surgiendo la idea de hacer un proyecto expositivo como este.

¿Cómo definiría el proyecto, es más un homenaje a los pueblos o una denuncia del abandono?

Tiene un doble sentido. Por un lado es una mirada hacia atrás. Un homenaje a una generación de personas que lucharon por sacar adelante a sus familias en un contexto muy difícil, en una Galicia eminentemente rural, la que va de los años 30 a finales del Siglo XX. Y por otro lado es una invitación a mirar hacia adelente. A la reflexión sobre cómo en un momento de pandemia, de repente, somos consientes de que las personas que viven y trabajan en el medio rural son unos auténticos privilegiados. Porque una pandemia mundial nos pone los pies en la tierra y nos demuestra que lo esencial es a lo que menos importancia se le da cuando se vive en el aire.

Todo esto con un telón de fondo que es la necesaria reflexión sobre la España despoblada, sobre esas grandes zonas del territorio rural que van a ser desiertos humanos si no hacemos nada. Ante eso, podemos aceptarlo como una realidad inevitable o empezar a desarrollar proyectos que nos ayuden a reflexionar, a poner en valor de dónde venimos y a ser consientes de cuál es nuestro origen, nuestra esencia, para que decidamos conscientemente hacia dónde queremos ir. Así, podremos luchar contra esa soberbia y ese alzheimer colectivo de los territorios urbanos frente a la ruralidad.

Aser Álvarez presenta la exposición 'A vida lenta. Memorias y ritmos del rural gallego', ante los medios
Aser Álvarez presenta ante los medios la exposición ‘A vida lenta. Memorias y ritmos del rural gallego’.

El abandono, la despoblación, los orígenes… Hay muchos elementos para la reflexión.

Sí, y todo ello en el contexto de una crisis climática y ambiental sin precedentes. En la que somos conscientes de que si hay una respuesta es a través de una reactivación del medio rural. Sin una reactivación del medio rural no hay una salida sostenible a los desafíos tan grandes a los que nos enfrentamos a nivel planetario.

Además, esta exposición hace una relectura contemporánea del comunitarismo. Ese espíritu solidario, comunitario, colaborativo que hubo siempre en el medio rural y que de algún modo vuelve, a través de la solidaridad y de la economía y la cultura colaborativas…

Además de Afundación ¿Han contado con el apoyo de otras entidades o instituciones?

Sí, es un proyecto muy colaborativo, en el que las personas y las instituciones se han dado la mano para aproximarse a una misma realidad desde múltiples perspectivas y desde diversas disciplinas artísticas. De esa forma, hemos conseguido poner el foco en una realidad y que sirva para mirar hacia atrás, saber de dónde venimos, pero también, y sobre todo, que nos sirva como reflexión para mirar hacia adelante y comenzar a actuar.

Afundación es la entidad que ha creído en el proyecto, que hemos coordinado con su extraordinario equipo profesional desde Arraianos Producións, y en el que colaboran el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el Consello da Cultura Galega, el Museo do Pobo Galego, el fotógrafo Carlos Valcárcel, Jaume Lloveras y Juan Piñeiro y el compositor Moisés Quintas, que ha creado la banda sonora de la expo.

Se trata de una muestra multidisciplinar que combina más de 70 fotografías, 40 minutos de piezas audiovisuales y fragmentos de poesía y música. Es la primera vez que se exponen de manera monográfica estos valiosos fondos documentales en un proyecto de estas características.

Las imágenes datan de 1930 a finales del Siglo XX ¿Ha cambiado mucho el medio rural desde ese momento a la actualidad?

Evidentemente ha cambiado mucho y esa es la reflexión que queremos propiciar. En el mundo rural hay actualmente mucha diversidad y bajo la etiqueta de rural simplificamos excesivamente. En ese sentido, en esta exposición mostramos la diversidad de los territorios rurales de Galicia y de España. Ocurre con mucha frecuencia que, desde esa perspectiva urbanita, caemos en la tentación de simplificar excesivamente y con la etiqueta rural denominar realidades muy diferentes.

Por otro lado creo que también es importante reivindicar nuestros orígenes pero, esas generaciones a las que queremos homenajear, y que a pesar de vivir unas circunstancias muy adversas, vivían en armonía con la naturaleza, según los ritmos naturales, de ahí la vida lenta, el título de este proyecto. Y la necesidad de volver a retomar esos ritmos y el contacto con nuestra propia esencia.

Para saber por dónde debe pasar el futuro tenemos que conocer bien de dónde venimos y saber la enorme riqueza, diversidad y recursos que hay en los territorios rurales. En este caso hablamos de Galicia porque es el primer proyecto monográfico que se hace con fondos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sobre una comunidad autónoma, pero la idea es exportable y extrapolable a otras comunidades autónomas y eso sería lo ideal para este proyecto.

Habla del futuro del rural ¿Lo ve con optimismo o con resignación?

Yo soy un optimista compulsivo, un optimista incluso recalcitrante. Y, a pesar de que las previsiones nos hablan del holocausto del rural, creo que la pandemia mundial ha vuelto a ponernos a todos los pies en el suelo. Lo que antes creíamos que eran personas sin oportunidades, que no podían acceder a la “prosperidad” de las ciudades, de repente son los auténticos privilegiados.

Las personas que pueden vivir y trabajar en una aldea son envidiadas por los urbanitas. Ha cambiado nuestra visión radicalmente y confío en que estemos en un cambio de paradigma. Que seamos conscientes de que tiene que haber un equilibrio, una complementariedad entre el mundo rural y urbano. No es una búsqueda de una arcadia perdida, sino que se trata de aprovechar todo el potencial productivo que tiene el rural para, en armonía con el medio ambiente y la naturaleza, desarrollarlo y que cada vez más personas podamos vivir y trabajar en las aldeas.

Por supuesto, sabiendo que la única salida al cambio climático y a la crisis medioambiental del planeta pasa por una reactivación de este mundo rural. Tenemos que saber de dónde venimos, saber hacia dónde podemos ir y a dónde queremos llegar. Las oportunidades son muchas, lo que hace falta es que este tema esté realmente presente en la agenda pública y política. Esta exposición, humildemente, trata de aportar una perspectiva multidisciplinar a este debate necesario y urgente.

Entre otras cosas, dirige el Foro Internacional de Cultura y Economía Rural (Ficrural), además de formar parte de la Red de Periodistas Rurales, por lo que está muy conectado con todos estos temas,  pero ¿Cuál es su relación personal con el medio rural?

Nací en Mociños, en una pequeña aldea en la frontera entre Galicia y Portugal, donde mi madre era profesora. Vivíamos en una escuela rural unitaria, y ahí vivimos hasta los 5 años, en que nos mudamos a una villa próxima, llamada Celanova. Por lo tanto, mi principio del mundo, mi infancia y mis orígenes son rurales.

De ahí todos los recuerdos que tengo: el contacto con la naturaleza, con los animales, también con el trabajo en el campo y, sobre todo, los ritmos. Estos ritmos de la vida lenta que tratamos de trasladar al espectador forman parte de mi ADN y del de mi clan. Esta es mi esencia, mi sustrato y el entorno en el cual me crié, por eso quiero reivindicarlo y homenajear a las bisabuelas y a las abuelas de toda nuestra genereación.

Por lo tanto, para mí es muy emocionante desde el punto de vista personal haber dado forma a este proyecto expositivo multidisciplinar, haberlo hecho posible, gracias a colaboración de personas e instituciones, y que la gente nos envíe mensajes y nos llame emocionada después de visitar la expo y viajar en el tiempo hacia esa vida lenta de la que venimos todos y todas, en mayor o menor medida, y a la que deseamos volver, porque es nuestra esencia.

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