Explotaciones modernizadas que cierran

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En este segundo texto, Agapito Modroño Alonso, vecino de Villalpando, nos habla de esas explotaciones modernizadas que, cuando se jubila el dueño, se cierran para dejar de producir y deteriorarse

Señalaba en el texto anterior como recursos en el medio rural las ayudas de la PAC. Esta vez hablaré de esas viviendas habitables y explotaciones ganaderas modernizadas que cierran para siempre. Las aprovechables principales, son las de ovino.

En cuatro pilares se asentaba la economía cuando Castilla fue fuerte, en el reinado de los Reyes Católicos: los montes y prados que proporcionaban leña y pastos; las ovejas, por su lana y carne tan adaptadas al aprovechamiento de cualquier brizna que saliera en el campo; el trigo y el vino.

En mis años mozos llegó a haber en mi pueblo hasta cuarenta rebaños entre los de atajeros, de sesenta, setenta ovejicas y los de las “casas grandes”, que algunos llegaban a las cien cabezas. Cuarenta o cincuenta familias vivían de la poca leche, el cordero, la lana y el estiércol (del cabañal o de majadeo).

La cabaña de ovino, en las últimas décadas, ha experimentado una enorme transformación: en la genética, el manejo o la alimentación. A partir de carneros mejorantes, la tradicional raza Castellana se fue transformando en las judías Hawasi y Asaac, grandes productoras lecheras, sobre todo la última. Los pastores más punteros, mediante microchip implantados en el rumen, tienen en su ordenador el historial de cada oveja. Así van  seleccionando a las más productivas.

Han desaparecido aquellas ovejas que comían lo que pillaban por el campo: rastrojos, barbechos, cañadas o linderones. Ahora, de acuerdo con su estado de preñez o lactación, reciben, estabuladas casi todas, la dieta suficiente, pienso-forraje, para una buena producción. Sacan a pastar, cuando mucho, a “la vaciada”, las no ordeñadas, a buenos pastos de alfalfa o rastrojeras con buen rebrote otoñal.

Allá por los años ochenta del pasado siglo, llegó a valer hasta 170 Pts. un litro de leche de oveja. Fueron años de mucha rentabilidad, que animó a que muchachos de entonces se quedaran de pastores; pero fue aumentando tanto la producción que el precio de la leche fue bajando y bajando. Aún así, en los peores momentos, los más eficientes resistieron.

Ahora se están jubilando aquellos que se incorporaron en los setenta y ochenta sin relevo generacional. Sus hijos ya han estudiado y no quieren ser pastores, que es un oficio muy sacrificado, sin descanso ni un día al año. La cabaña de ovino está experimentando vertiginoso descenso. Aunque las explotaciones que van quedando son ya de tres trabajadores, hermanos normalmente,  pueden librar y son muy eficientes, están dejando de cubrir la demanda. Ya la leche vale sobre un euro el litro. Está volviendo la buena rentabilidad al ovino.

¡Pues bien!: en esas explotaciones, que fueron modernizadas, que cuentan con buenas instalaciones, incluidas salas de ordeño, y que han cerrado recientemente, existe un nicho de trabajo. Pueden ser españoles urbanitas que se animen o inmigrantes. En bastantes ganaderías trabajan búlgaros, peruanos… Esos, al jubilarse el dueño, podrían seguir con la explotación. Esas naves, apriscos, patios, salas de ordeño y nodrizas, cerrados, nada producen y se deterioran.

No estamos pensando solamente en la producción lechera, sino también en la de cabañas dedicadas al cordero lechal o macaco (éste tiene buena salida a los Paises Árabes). Ya va habiendo pastores dedicados sólo a eso. Estas ovejas se alimentarían de los extensos pastos que empiezan a abundar por todas partes.

El correo: info@españadespoblada.es

Suscribe esta carta Agapito Modroño Alonso, vecino de Villalpando (Zamora), que nos escribe a través del correo de la web: info@españadespoblada.es, que sigue abierto para cualquier comentario, sugerencia o consulta. Él es hijo de modesta familia de aguardienteros. Desde niño vendimiador, arrosiador del alambique; cavador de majuelos; segador de alfalfa a guadaña; estudios de magisterio mientras trabajaba de recadero y mecanógrafo de abogado; treinta y ocho años en escuelas rurales y colegios comarcales…; promotor cooperativo agrícola, labrador; bloguero activista regenerador anticacique, modesto escritor de relatos costumbristas y de la reciente y sangrante historia de la guerra civil en su pueblo…

Vive en casa de adobe, entre “Zamora y Palencia”, que dicen “Tierra de Campos, lo que son campos de tierra”.

Le duele en el alma ver cómo en torno al ladrillo mudéjar de torres y campanarios se están formando promontorios del tapial y el adobe que se arroñan y, entre ellos, machones y tablas que se pudren. Las vigas, hincadas en la ruina, intentan resistir: ya no sirven para “yunta de carreta, ni siquiera para arder en alguna mísera caseta”.

“Está en el ajo”. Rabia por aportar donde se le oiga, ideas fáciles contra la despoblación.

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