Secundino Caso

Presidente de la
Red Española de Desarrollo Rural

CONTRA LA DESPOBLACIÓN

FOTOGRAFÍA: Red Española de Desarrollo Rural

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Los alcaldes de los pequeños municipios son los primeros en el frente contra la despoblación, de ahí la importancia de que sean personas proactivas, que sean capaces de sacar el máximo rendimiento a los recursos que su pueblo ofrece. Secundino Caso es uno de esos alcaldes, en un pequeño municipio de los Picos de Europa, Peñarrubia, en Cantabria; y, además, es presidente de la Red Española de Desarrollo Rural.

¿Cuál es la labor de la Red Española de Desarrollo Rural?

Esta Red salió adelante hace casi 30 años. En el presupuesto de la Política Agraria Común se distinguen dos pilares: el primero son los pagos únicos y directos a los ganaderos por su producción; y el segundo es el cajón de sastre donde van todas las ayudas ambientales, forestales, etc. Y en ese segundo punto, el 5%, se dedica a la Red de Desarrollo Rural, a los Grupos de Acción Local que llevan a cabo los programas LEADER.

¿Y cómo funciona este dinero que yo represento en España? En esta primera programación de la Unión Europea estábamos en torno a unos mil millones de euros. Los programas LEADER tienen que funcionar a través de un partenariado público-privado, son comarcas rurales que tienen que hacer comarcas naturales o lo más homogéneas posibles, hay 250 comarcas en España y todo el mundo rural está metido en esas comarcas rurales. En estas se crean los grupos de acción local en los que participan todas las entidades locales y también todo el tejido social y económico de la comarca.

Y todos ellos forman una asociación, sacan una Junta Directiva, una Asamblea, un Presidente, tienen que hacer un plan estratégico para la comarca, consensuado con la gente del territorio, tienen que llamar a la participación, decidir hacia dónde vamos, si tuviéramos dinero en qué lo gastaríamos, Y es muy variopinto, va desde el turismo rural a los servicios a la población, etc. Reciben un dinero de la UE con una visión territorial, para que la gente que vive en el territorio haga desarrollo rural, para que se ayude al emprendimiento, se instauren servicios, etc.

¿Hay colaboración entre las distintas comarcas? 

La tiene que haber, el Grupo de Acción Local tiene que montar un plan estratégico en el que tiene que haber un sistema para que participe la sociedad en el mundo rural. Además tiene que estar aprobado por todos los alcaldes o concejales de los municipios que participen, y todos los agentes sociales y económicos de ese territorio.

¿Cuáles son los motivos más importantes que han llevado a esta despoblación?

Son muchas cosas no es una sola. No es lo mismo la despoblación ahora que hace 40 o 50 años, en los últimos 50 años ha sido un tema progresivo. Yo creo que hace 50 años vivir en los pueblos era muy duro, era falta de oportunidades, trabajo sacrificado… cuando se vivió la industrialización de este país la gente necesitó mano de obra y la gente se fue yendo a las ciudades, porque tenía un trabajo estable en cabeceras de comarca.

En eso también hemos incidido políticamente poco a poco. Hemos hecho mucho hincapié en los servicios, en llevar el estado de bienestar a esas ciudades, en todo el tema de la sanidad, la educación, etc.

Quizá ahora que hay una mayor preocupación por un equilibrio territorial en los pueblos nos coge un poco a contramano. Un mundo rural muy bonito, muy idílico, pero sin una sanidad, sin una educación adaptada al medio rural, sin internet, sin fibra óptica, sin una serie de servicios que son imprescindibles para poder vivir.

Ahora con el coronavirus se ha visto que hay un acercamiento al mundo rural. La gente que se ha pasado, como yo, el confinamiento en un pueblo, pues no es lo mismo que pasarlo en una ciudad. Aquí hay más libertad, el confinamiento no es tal. Pero, lógicamente, cuando tienes que teletrabajar o tienes que acceder a los servicios no es tan fácil.

En el tiempo son muchas cosas las que han ido pasando. También ha incidido mucho esta imagen, entre la que todos hemos vestido al mundo rural, de paletos, la gente que se quedaba en el pueblo parecía que eran los perdedores y lo que más primaba cultural y socialmente era el ser de una ciudad o una multinacional. Incluso el cine nos ha estigmatizado, nos ha puesto como paletos, todavía hoy en día ves series en las que se nos sigue vendiendo como si viviéramos en las cuevas, con la boina calada hasta los ojos, medio gangosos… todo eso incide, es muy cultural, la gente ha preparado a sus hijos para que estudien y se marchen de los pueblos, no los ha preparado para que se queden en los pueblos.

Todo eso unido a que políticamente los votos están en las ciudades, y hemos hecho muchas políticas pensadas en las ciudades, no en los pueblos. Lo hemos visto ahora con el coronavirus, que tiene su pase, pero que hay leyes que son ridículas en el mundo rural, porque están pensadas para el mundo urbano. No se ha planteado, como en Europa, poner la lupa y hacer leyes específicas para la situación en los pueblos.

Son muchas cosas, desde muchos ámbitos: sociales, culturales, políticos, económicos… parece como que los pueblos no estaban de moda, no funcionaban y lo mejor era irse a una gran capital. Yo creo que ahora mismo la gente se está dando cuenta de que vivir en un pueblo es un valor en sí mismo.

Ahora mismo por fin está en la agenda política, o estaba –no sé si después del coronavirus seguirá estando–, y creo que mucha gente se está intentando venir a los pueblos. Pero también es verdad que queda muchísimo trabajo por hacer para adaptar los pueblos a los servicios que necesita el ser humano para vivir aquí.

¿Qué medidas ha activado en un pueblo como Peñarrubia?

Nosotros hemos hecho muchas cosas y nos hemos dado cuenta también que hay veces que decimos cosas que no son ciertas. Cuando decimos “si hubiera trabajo la gente se quedaría en los pueblos”, no es cierto, eso es mentira. Eso es radicalmente mentira. No solamente de pan vive el hombre y no solamente vive de trabajo. Te digo esto porque llevo 20 y tantos años de alcalde y mi mayor obsesión fue, nosotros teníamos un balneario abandonado desde la Guerra Civil y pensábamos que si conseguíamos, después de más de 75 años cerrado, abrirlo, iban a acabar todos nuestros males. Pues, efectivamente, conseguimos abrirlo con una inversión muy potente y trabajan más de 60 personas, pero la mayoría de la gente no vive aquí ¿Por qué? Pues por muchas razones: una porque la vivienda en estos pueblos se ha convertido en artículos de lujo, la gente de las ciudades compra a precios desorbitados y es muy difícil que un mileurista pueda tener aquí una casa de piedra montañesa. Sí hay gente que se queda a vivir, pero poca.

Somos de los únicos municipios de montaña que hemos doblado la población en las últimas dos décadas. Éramos 200 y pico y ahora casi 400. Sin ser perfectos se han puesto en marcha proyectos que han conseguido dinamizar. Con el tema del balneario, pero también fuimos el primer municipio de la cornisa Cantábrica que montó lo de las tirolinas y el tema de las vías ferratas, o el puente tibetano. Culturalmente hemos rehabilitado el tema de una torre del siglo XV, hemos hecho paseos por el bosque, hemos puesto en marcha una agenda mitológica a la que viene mucha gente de turismo, todo eso ha ido acompañado de un sector que hace 20 años no existía, que es el turismo, pues aquí hay muchas posadas, hay albergues, hay hoteles, hay bares, se ha conseguido que empresas de turismo y ocio se instalen aquí, hay albergues juveniles. Pues hay un nuevo yacimiento de empleo.

Todo eso tiene que ir acompañado, ayer hemos dado el encendido de la fibra óptica, vamos a montar un tema de coloquio rural, para dar oportunidades, queremos hacer salas para que la gente joven venga aquí y, prácticamente, durante los primeros cinco años sólo tengan que pagar el internet y la luz del edificio para poder instalarse, gente liberada, autónomos. Bueno, pues se han conseguido cosas. Esto acompañado con un mayor interés que tiene la gente por venir aquí puede ser importante.

¿Ves el futuro con optimismo?

Sí, yo sí. Sí porque la sociedad no puede ser tan borreguil. Quiero decir, yo que vivo en varios mundos, aquí en el pueblo en la casa que yo me hice hace quince años, pero también vivo en Santander, he vivido en Santander y un día a la semana o cada quince días voy a Madrid a las oficinas que tenemos ahí. La calidad de vida que te da un pueblo no te la da ninguna ciudad. Eso es así, a la gente joven os han engañado. Qué calidad de vida es trabajar de sol a sol en una intubadora de esas, una multinacional, por mil euros. En un pueblo por mil euros puedes ser el capitán general.

Creo que con el teletrabajo y la cantidad de oficios que pueden funcionar en un pueblo, hay que valorar la calidad de vida que hay, que es impresionante. Por eso soy optimista.

Ahora hablo con mucha gente y están reflexionando y diciendo “pero bueno ¿a dónde vamos? En una ciudad, deprisa y corriendo, no tienes tiempo para nada, ni para disfrutar…”. Eso no es vida. Os han engañado.

Santander es un pueblo comparado con Madrid. Tengo las oficinas de Madrid al lado del Congreso, en el barrio de las letras, y es un sitio privilegiado, Madrid Central y todo lo que tú quieras, pero es una odisea, es una hora y media en el metro, otra para volver…

El mundo está cambiando y la gente joven con él. Hace poco hemos firmado con unos chavalitos, con Rural Talent, que se llama la empresa, y hemos hecho una experiencia piloto que ha salido muy bien en Somiedo, en las montañas, de 30 chavales que venían durante seis meses a probar a vivir en un pueblo, les dábamos formación y comida. Para ellos era una experiencia vital aquí durante seis meses en contacto con las instituciones y se han quedado cuatro personas. Unos de los que se han quedado ahí ha conseguido un contrato con ferrocarriles alemanes, para gestionarles las vacaciones. Era ingeniero de telecomunicaciones y con un programa que han hecho les gestionan los días libres y las vacaciones a los 150.000 empleados. Otros están trabajando con un motor que les ha comprado Google, un motor para el tema de la información dentro de las empresas. Se ha montado ahí un grupo de gente potente que se ha quedado a vivir en el pueblo. Otro iba con la idea de que iba a ser ingeniero de no sé qué y se ha quedado con la panadería del pueblo.

Es como la pescadilla que se muerde la cola, no vamos a poder tener servicios si no hay gente. No podemos los políticos de aquí exigir una serie de cosas si la gente no viene. Pero sí que es verdad que hay ahora un interés.