¿El aumento del diésel perjudica al medio rural?

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María Ángel González es una vecina de Cacabelos (León), que quiere denunciar, con el siguiente texto, una de las políticas que están diseñadas para las grandes ciudades sin pensar en el medio rural: el aumento de los impuestos al diésel

A veces, desde la España rural se tiene la sensación de que las políticas orientadas a solucionar los problemas medioambientales han sido diseñadas por y para habitantes de grandes ciudades. Incluso desde la óptica de países más pequeños y con otras características geográficas totalmente diferentes a las españolas. A modo de ejemplo, un habitante de La Cabrera leonesa no tiene las mismas condiciones que un habitante de la planicie Holandesa o de Madrid o Barcelona.

Es decir, en general en la España rural, acceder a los servicios básicos requiere recorrer distancias considerables, sin otra forma de cubrirlos que acudir al vehículo propio; ante la lógica dificultad de tener una red de transporte público regular y frecuente.

La mayor parte de nosotros necesitamos desplazarnos teniendo que utilizar  vehículos de diésel o gasolina. Otras soluciones de movilidad (carsharing, vehículos eléctricos, vehículos a gas, patinetes, etc..), no son viables por distancia a recorrer o por disponibilidad de infraestructuras. Por tanto, medidas para disuadir el uso de estos combustibles, como pueden ser el incremento de impuestos con los que se quiere favorecer a unas tecnologías a las que seguiríamos sin tener acceso, supone un doble perjuicio: incremento en el coste de nuestro transporte y una imposibilidad de acceder de forma real a las medidas que se quieren favorecer.

En otras palabras, parece que los que tenemos que movernos con coches con una tecnología tendente a ser obsoleta (el diésel), tenemos que contribuir con nuestros impuestos a subvencionar coches eléctricos o híbridos cuyo precio les convierte en vehículos de alta gama, aptos para distancias e infraestructuras presentes sólo en grandes ciudades.

Todo esto afecta también a nuestro desarrollo profesional, a la educación de nuestros hijos, incluso a la división de nuestras familias.  Considérese el aumento de nuestros gastos ante la posibilidad de que se nos cobre por el uso de autovías (cuestión sobre la mesa) y se incremente el precio del combustible. Estaríamos condenados a abandonar nuestros pueblos como ocurrió en los años 60, pues tanto las grandes industrias como los centros culturales se sitúan en el entorno de las grandes ciudades.

Correo: info@españadespoblada.es

Este texto nos llega a través del correo info@españadespoblada.es. Lo suscribe María Ángel González. Ella tiene 55 años y vive en Cacabelos, León. Es Diplomada en Turismo y trabaja como guía de monumento, por lo que ha de desplazarse todos los días. Es peor la situación de su pareja, que es ingeniero y para realizar su trabajo ha de desplazarse a Lugo (100 km por viaje). Han de mantener dos vehículos, sí o sí.

A pesar de todo, dice, están bien. Durante mucho tiempo sólo podían estar juntos el fin de semana y en ciertos momentos una vez al mes. En esa situación es imposible tener familia.

Si suben impuestos y, por tanto, precios, tendrán que volver a una situación similar. Sus salarios no les permiten renunciar a uno de ellos. Pero, asegura, siguen siendo unos privilegiados, pues pueden desarrollar los dos sus profesiones. Los suyos no son otros trabajos sin relación a sus estudios, lo que les ocurre a muchos de sus vecinos.

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