De Australia a un pueblo de Cádiz

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“El Pueblo y Yo”, de Antonio Javier González Rueda. Un ensayo personal y visual sobre la España rural de 1981 vista desde la antípoda.

La génesis de esta investigación tenemos que buscarla en nuestra antípoda; y la antípoda de la provincia de Cádiz es Nueva Zelanda. A finales de la década de los 70, dos realizadores de una productora australiana convencieron a los responsables de ministerio de educación neozelandés para que apoyara las clases de los chicos de 8 a 12 años con una película documental que les mostrara la realidad de un lugar muy alejado y diferente. Eligieron la España que salía de la dictadura franquista y buscaron un pequeño pueblo aislado en el que, durante dos meses de 1981, integrarse y mostrar cómo era su vida y sus gentes.

El documental estaba claramente orientado a convertirse en complemento audiovisual de una unidad didáctica. En 1983 lo estrenaron en Sídney (Australia) con el título original de “El Pueblo” y, además de su uso escolar, pudo ser visto en los principales segundos canales europeos y norteamericanos de los años 80. Este ejercicio de antropología visual que es el documental se perdió en el tiempo y nunca se vio en España. Hasta que, en julio de 2019, pudimos estrenarlo en el mismo pueblo en el que se rodó: Villaluenga del Rosario. Además, la investigación consiguió reunir a uno de los dos directores, James Wilson, con parte de los actores involuntarios de aquella película. Este es el punto de partida del libro “El Pueblo y yo” (Madara Editoras, 2020).

El documental “El Pueblo”:

Y las vivencias de aquel estreno en el reportaje de la 2 de TVE del programa La Aventura del Saber:


El ensayo “El Pueblo y yo”, de forma consciente o directa, busca compartir con el lector, sin barreras académicas, la odisea del rodaje del documental; la situación de nuestros pueblos al inicio de la transición democrática y, por último, contrastar esa foto fija de entonces con nuestra actual España rural.  Pero cuando uno escribe este ensayo con aliento de novela, los mensajes realmente los construye el lector a partir de sus experiencias y recreaciones. Y en este sentido, este libro tiene, por lo que me van comentando los lectores, un sinfín de mensajes. De todos ellos, el que más me satisface es la idea de que sin contexto la memoria es un artefacto tramposo y al pairo de los que la manejan en cada momento histórico. Inconscientemente, creo que he intentado rellenar algunos huecos de este contexto pasado y actual de nuestra España rural. Y fue a través de dos fotos fijas de dos momentos concretos (1981 y 2019) en el que se congela una España que está a punto de cambiar. En 1981 con el inicio de la transición y en 2019, sin ser consciente de ello, mostrando nuestra España rural justo antes de la pandemia del COVID19.

Realmente, en el acercamiento que hace “El Pueblo y yo” el lugar es anónimo porque tanto en el documental como en el libro, Villaluenga del Rosario no aparece hasta el final de ambos. Para los maestros y estudiantes neozelandeses a los que el documental estaba destinado, el lugar concreto no tenía importancia: lo decisivo era conocer cómo vivían, cómo se divertían, cómo trabajaban los habitantes de su antípoda. Por ello, es extrapolable a cualquier pueblo español que tuviera en los principios de los 80 entre 500 y 1000 habitantes. Y lo es, también, porque los realizadores australianos recorrieron antes de seleccionar Villaluenga más de veinte pueblos de las provincias de Segovia, Salamanca, Cáceres, Cádiz, Granada y Almería. Creo que, tanto en el documental como en el libro, el lugar es sustancial, pero importa más la mirada.

Imagen del rodaje del documental "El Pueblo"
Imágenes del rodaje del documental “El Pueblo”

Sin pueblos no hay ciudades

El documental “El Pueblo” y el ensayo “El Pueblo y yo” es sinónimo de infancia perdida, de autenticidad diluida, de tiempos felices. Hay un eslogan acuñado desde la España olvidada que dice: “sin pueblos no hay ciudades”. Y es verdad: hasta el más urbanita de nuestros amigos tiene un pueblo en su memoria. En el fondo todos tenemos la necesidad de un contacto más cercano con la naturaleza, la obligación de recuperar una forma de vida más pausada y genuina. Temporalmente, ese enfoque se concreta en un lugar específico de nuestra memoria: el pueblo de nuestras vacaciones, el pueblo de nuestros padres, el pueblo de nuestros fines de semana,… Pero, no nos dejemos llevar por este locus amoenus, la vida en nuestros pueblos sigue siendo difícil, hermosa pero difícil.

Antonio Javier González Rueda es Doctor en Arte y Humanidades y Gestor Cultural de la Universidad de Cádiz.

“El Pueblo y yo” puede adquirirse en cualquier librería y en Amazon.

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