Contra la desigualdad territorial: Autovía a Europa por el Pirineo Central

Jesús Val, de L´Hospitalet de Llobregat, nos explica las desventajas que ha supuesto para las zonas despobladas, el hecho de que durante decenios no han tenido una comunicación eficiente con Europa

Esta pandemia que nos ha venido  parece que se ha ensañado más con las ciudades que con el mundo rural. También hemos constatado que las propuestas prometidas para las zonas despobladas no han resonado con fuerza. Casi podríamos darlas por olvidadas. Se verán más poblaciones abandonadas, servicios clausurados, campos olvidados… porque nos razonarán que habrá que atender a los que más hayan sufrido social o económicamente.

En las vías de comunicación se empezó por el lugar más asequible. Como en sus cercanías era más fácil la vida, fue asentándose más población y los puestos de trabajo y los servicios también crecieron de manera rápida. Ello conllevó a pedir más capacidad en las autopistas, vías de tren, puertos, aeropuertos… En el mismo momento, las áreas que se iban despoblando no necesitaban nada de esas infraestructuras. Un planteamiento perverso, desigual y por tanto desequilibrado.

La riqueza que han generado las autopistas de peaje ha repercutido en las comarcas por donde pasa. Una porción mínima de esa riqueza se debe abonar en los peajes. Éstos deben utilizarse para hacer nuevos pasos hacia Europa a través del Pirineo (provincia de Huesca, Lérida y Navarra), para conservación de la red y para hacer llegar el desarrollo con estas vías a las zonas despobladas.

Los discursos y comentarios al uso ponen su interés en el tema de la despoblación y el mundo rural. Lo mejor que les podría haber pasado a la regiones despobladas hubiera sido la construcción de autopistas de peaje por su territorio hace seis decenios. Otros países han tenido y tienen estas políticas para el mundo rural. Sin esas conexiones con Europa y las vías con los lugares despoblados la huida de sus habitantes será mayor. Un hecho sangrante. Vale un ejemplo: no es justo que la circunvalación de Girona disponga de cuatro carriles de la AP-7, la variante por el valle de San Daniel, más la antigua N-2 (6 carriles, total 12 en los dos sentidos) y los de las provincias citadas tengan un carril sinuoso para cruzar la frontera.

A mi entender nuestro futuro está en Europa. La solución a los problemas de población, vendrían por tener una vía rápida a Francia por el Pirineo Aragonés. Sin población asentada en el territorio lo que se avecina es el llamado desierto demográfico. Habrá terreno, electricidad, agua, pero sin gente el futuro no estará claro.

El tránsito de España a Europa, que en estos tiempos se realiza por La Junquera (Gerona) y por Irún (Guipúzcoa), se debería repartir también por este paso central. No es poca cosa. Si cada día pasan en torno a 21.000 camiones diarios podríamos llegar a desear que la tercera parte atravesara por Aragón (7000 camiones al día). Hoy solo cruza la frontera aragonesa un 2% de ese total. Podríamos imaginar lo mismo para el resto de vehículos: turismos, autocares, motos, furgonetas, caravanas y autocaravanas de turismo. La tercera parte podría pasar por nuestra tierra. La actividad que eso sería suficiente para parar la despoblación y pensar en un futuro prometedor.

¿Por qué es necesario?

Mi opinión acerca de una vía rápida (autopista o autovía), además del tren a través del Pirineo Central para revitalizar la vida en Aragón se explica por muchas razones, entre otras:

  • Frenar la despoblación de nuestro territorio.
  • Devolver el honor a un pueblo incomunicado, a través de una vía moderna que nos una a Europa.
  • Saltar del siglo XIX al XXI.
  • Equilibrar los pasos con Europa realizados hace 60 años. No han sido compensadas las zonas abandonadas. No solo debe haber autovía por los extremos del Pirineo.
  • Descongestionar las vías actuales y resolver problemas, como ya se han presentado en numerosas ocasiones: atascos, obras, manifestaciones, huelgas, altercados, protestas, pandemias, etc.
  • Mejorar la competitividad del empresariado de Aragón, que tiene un coste añadido de 300 kilómetros para conectar (ir o venir) por vía rápida con Francia. La alternativa es el caos y casi imposible para vehículos grandes.

Aunque una completa realización tardaría lustros, quizá una generación sí que se lograría impulsar la economía de las áreas de un lado y otro de la carena del Pirineo.

Dejaría a las generaciones venideras una situación de justicia, por una conexión con Europa de la que mayoritariamente queremos formar parte.

Desbloquearía problemas que se están produciendo en las áreas superpobladas, que ya conectan rápidamente con Europa: atascos de tráfico y de todo tipo, contaminación, superpoblación, epidemias, falta de terreno, sobrecostes, carestía de la vivienda y otros servicios básicos, pérdida de la cultura… Porque concentrar en demasía no trae buenos resultados a la larga.

Diversificaría actividades y llenaría todo Aragón, desde las vaciadas laderas de ambos lados del Pirineo a los despoblados turolenses.

Realizar los pocos kilómetros que quedan, desde Jaca o Sabiñánigo hasta las autopistas francesas del Sur. No es algo imposible.

La despoblación merma nuestra cultura: Se derrumban los monumentos y las casas, se pierde la tradición oral de la música o la prosa, se abandonan cultivos, nos quedamos sin artesanos, perdemos el conocimiento de nuestros mayores, no hay relevo generacional…

Me gustaría, por el bien de las zonas despobladas, que esta humilde, aunque sólida, opinión calara en la población de las zonas rurales llegando al máximo número de personas, en especial a los partidos políticos.

Sé de muchos aragoneses que han muerto fuera de su tierra, después de vivir decenas de años lejos y no volver. Sus hijos ya no tienen raíces en la tierra de sus antepasados y sus nietos se sienten más ciudadanos del lugar donde viven. No dejemos que emigren más aragoneses de su tierra.

Como oposición a los núcleos abandonados de nuestra tierra, que se cuentan por centenares, llama la atención los pueblos cercanos a las autopistas de la costa con 20.0000, quizá 40.000  y también 80.000 habitantes de población fija todo el año o urbanizaciones nuevas con miles de chalets.

Ucronía es aquello que pudo pasar y no ocurrió. Mejor nos hubiera ido a la mayoría, sobre todo a los que hemos tenido que emigrar, si Aragón hubiera dispuesto desde el 1970 de un ferrocarril y una vía rápida de alta capacidad con Europa. Todas las comarcas dispondrían, por término medio, del triple de población que la que tenían en los años 60 del siglo pasado. Posiblemente, las cabezas de comarca manifestarían unos parámetros poblacionales y de actividad económica en todos sus sectores, muchísimo mayores de lo que es ahora. La actividad se extendería como una mancha de aceite, como un campo regado a manta. Ejemplos para citar tenemos abundantes.

Jesús Val Bescós (L´Hospitalet de Llobregat)

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