Casas rurales, habitables y vacías

Tercer texto de Agapito Modroño, sobre esos pueblos despoblados, con casas habitables vacías, y las opciones que quedan para salvarlos

De todo lo señalado hasta ahora, lo de obligar a vivir en los pueblos para cobrar la PAC es lo menos realizable e incluso eficaz. Si acaso incentivos fiscales a quienes siendo agricultores viven en los pueblos y sean, al tiempo, jardineros de la naturaleza. Sí, en cambio, insisto en la enorme importancia, en el papel tan fundamental, en el cambio en que estamos, que puede suponer el aprovechar ese enorme recurso de las casas rurales habitables y vacías.

La llegada de los tractores, un poco después de las cosechadoras, al tiempo que comenzaban a industrializarse las ciudades, provocó el enorme éxodo rural de los años “sesenta”. Pero, bueno: aunque en aquella década emigrara el 40 o incluso el 50%, si en el pueblo había 700 H., todavía quedaron 350 o 400.

Quedaron quienes tenían medio de vida: tierras o dinero suficiente para comprar un tractor (incluso se juntaban varios), y sitio para meter unas vacas de leche (en las antiguas cuadras de las mulas), unas cerdas de recría, los tradicionales pastores y algunos obreros agrícolas. En las cabecera de comarca, además de los anteriores, otros profesionales. Todavía en los pueblos quedó vida, quedaron niños. Cuando en 1971 comenzó a funcionar este Colegio Comarcal de EGB lo hizo con seiscientos y pico alumnos. Había pueblos de donde venía lleno el autocar.

Aquellos años “setenta” “ochenta” fueron los del alcantarillado, agua corriente, cuartos de baño, pavimentaciones… Quienes quedaron cogieron las mejores casas o arreglaron las que tenían. Pero aquella generación de medianos labradores con vacas de leche, con cerdos…, no ha tenido relevo. Ahí están sus arregladas casas (revocadas paredes, protegido el adobe, cuarto de baño, incluso calefacción…) vacías, si no lo remediamos, para siempre.

San Martín de Valderaduey

Pongo el ejemplo de San Martín de Valderaduey: en 1950, 400 H. En 2.020, 23 H. Está a punto de la despoblación total. ¿Cuántas casas en ese pueblo, no hay aprovechables? A siete kilómetros por buena carretera de la cabecera de comarca donde están todos los servicios: sanitarios, educativos, comerciales, etc. En mi blog hay un reportaje poético fotográfico sobre dicho pueblo.

En todos los pueblos de la provincia no son sólo las viviendas, sino los corrales con sitio para huerta, las cortinas, herrenales… Leña próxima y abundante…

En las ciudades, la mitad de los ingresos de una pareja, se los lleva la vivienda. La casa gratis en el pueblo equivale a un puesto de trabajo en la ciudad.

Y, ¿de qué más van a vivir quienes se instalen en los pueblos?

Opciones:

a).- Teletrabajo.

b).- Actividad ganadera que he indicado.

c).- Salario Mínimo Vital. Hasta que las aguas vuelvan a su cauce quedarán muchas familias a expensas del mismo, a falta de otros ingresos. Pues es más barato vivir en un pueblo que en la ciudad.

Ese S.M.V. puede verse complementado con hortalizas para autoconsumo; incluso para vender, como cultivo ecológico; con el ahorro en calefacción: una pequeña motosierra y abundancia de leña gratis; gallinas, conejos,…

d).- Atención a los mayores en sus casas, sin amontonarlos a todos en las residencias.

Otras muchas posibles ocupaciones existen.

El correo: info@españadespoblada.es

Suscribe esta carta Agapito Modroño Alonso, vecino de Villalpando (Zamora), que nos escribe a través del correo de la web: info@españadespoblada.es, que sigue abierto para cualquier comentario, sugerencia o consulta. Él es hijo de modesta familia de aguardienteros. Desde niño vendimiador, arrosiador del alambique; cavador de majuelos; segador de alfalfa a guadaña; estudios de magisterio mientras trabajaba de recadero y mecanógrafo de abogado; treinta y ocho años en escuelas rurales y colegios comarcales…; promotor cooperativo agrícola, labrador; bloguero activista regenerador anticacique, modesto escritor de relatos costumbristas y de la reciente y sangrante historia de la guerra civil en su pueblo…

Vive en casa de adobe, entre “Zamora y Palencia”, que dicen “Tierra de Campos, lo que son campos de tierra”.

Le duele en el alma ver cómo en torno al ladrillo mudéjar de torres y campanarios se están formando promontorios del tapial y el adobe que se arroñan y, entre ellos, machones y tablas que se pudren. Las vigas, hincadas en la ruina, intentan resistir: ya no sirven para “yunta de carreta, ni siquiera para arder en alguna mísera caseta”.

“Está en el ajo”. Rabia por aportar donde se le oiga, ideas fáciles contra la despoblación.

 

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